Modo hibernación en las aulas

Bitologia, IA, Sociedad

Cada vez que aparecen los resultados del informe PISA, aparece alguien dispuesto a atribuir el retroceso a la tecnología. Antes eran los móviles. Ahora, incluso antes de tener datos, ya es la inteligencia artificial. Siempre hay una pantalla a mano a la que echarle la culpa.

Me llama más la atención que tan pocos se pregunten qué ocurre cuando, al entrar en clase, desconectan a los alumnos del mundo en el que viven. Quizá no estén distraídos, sino en modo hibernación, esperando a que termine aquella excursión diaria cien años atrás.

Si un adulto cae en una empresa retrógrada, puede buscar otro trabajo. Si vive con una pareja ultraconservadora, puede divorciarse. Pero un menor no puede cambiar de escuela cuando lo obligan, cada día, a vivir en un mundo que ya no existe. Se lo tiene que comer con patatas. Puede sobrevivir haciendo el mínimo esfuerzo. Quizá incluso acabe pensando que el problema es él.

¿Piensan que los alumnos no saben qué mundo los espera? Todo lo que pueda ser software será software. Y todo el software que pueda incorporar inteligencia artificial acabará teniendo IA. Es el mundo en el que tendrán que encontrar trabajo, pagar una vivienda y llegar a fin de mes.

Ellos sí que se juegan la vida. Y toda resistencia será fútil, salvo que se conviertan a la fe Amish.

En cambio, quien les advierte contra la tecnología tiene una plaza, una nómina y una jubilación razonablemente encaminadas. Puede pasarse años discutiendo si la inteligencia artificial entra o no entra en el aula. Los alumnos no tienen ese lujo: cuando salgan de ella, ya estará en todas partes.

(Bueno, en Mallorca tenemos una economía que desde hace décadas no pide más que brazos. Tampoco es un plan.)

Esto no significa llenar las aulas de pantallas ni convertir cualquier aplicación en pedagogía. Soy aficionado a escribir con pluma estilográfica, y cuando el consejero de Educación balear defiende el papel me pregunto de qué papel habla, porque no todos son iguales. ¿Ha probado alguna vez el Tomoe River? He fundado el grupo Plomins, en Telegram, donde se discute si el capuchón de una pluma debe cerrar con un clic o llevar rosca, y cuántas vueltas son las ideales.

No va de eso.

El tema es dejar de confundir educar con proteger a los alumnos de su propio futuro. Enseñarles a pensar con las herramientas que encontrarán fuera, a detectar sus errores, a no dejarse gobernar por ellas y a utilizarlas mejor que el resto. Si lo consiguen, en el futuro podrán pagarse un buen bloc de papel Tomoe River. Y lo apreciarán.

Los menores detectan muy bien las contradicciones de los adultos. Lo hacen en casa y en la escuela, los dos lugares donde transcurre casi toda su vida. Los más inquietos descubrirán qué es la disonancia cognitiva antes de que sepan explicársela en clase.


Foto de Erik Mclean en Unsplash

AI, aulas, educación, IA, pantallas, PISA

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